María Jiménez

La onda expansiva del odio

Conchi Fernández entró con serenidad y paso firme en la plaza de los Fueros de Alsasua aquella mañana plomiza de octubre de 2016. Se abrió paso entre la multitud acompañada por otras tres víctimas del terrorismo ante la mirada expectante de algunos periodistas y la expresión desconcertada de los asistentes. Lo que ocurrió después abrió informativos y páginas webs aquel día: las víctimas se plantaron en medio de la plaza, elevaron los carteles, los presentes leyeron “Odio fuera”, “Sin pistolas no sois nada” y comenzaron los gritos, los silbidos y los insultos. En el cartel de Conchi se leía “Guardia Civil, seguid aquí”. La frase encendió a uno de los asistentes que acudía, precisamente, para manifestarse a favor de los agresores de dos agentes del Instituto Armado y sus novias. Se fue hacia Conchi y le espetó: “Vete a tu pueblo”. Ignoraba no sólo que su marido era guardia civil, que había estado destinado en Alsasua y que ETA lo había matado. Tampoco sabía que Conchi era de Alsasua. “Este es mi pueblo”, le contestó ella.

Los gritos que se escucharon en aquella plaza conformaban la onda expansiva del odio que durante décadas ha campado en las calles del País Vasco y Navarra. A veces era un odio silente que se desbocaba en determinados momentos, como cuando tres días después del asesinato de Gregorio Ordóñez aparecieron pintadas en varios pueblos de Guipúzcoa llamándolo “carcelero”, “fascista” y hasta “asesino”. Entonces Juan José Millás escribió que había personas que evolucionaban de tal manera que abrían la boca para hablar y, en lugar de una frase, les salía un disparo. Mientras, otras como Joseba Pagazaurtundua se jugaban el tipo para plantarles cara aun sabiendo que, si lo hacían, entraban sin retorno en el epílogo de su existencia.

El odio ha llevado a algunos a cometer fechorías irreversibles. Por suerte, personas como Joseba Pagazaurtundua dejaron ejemplos de comportamientos y de discursos que desarman, todavía hoy, los argumentos de los profesionales del odio. Es hora de recordar sus muestras de valentía, de sacarlas a luz, de ponerlas ante quienes quieren blanquear el pasado. Y también de repetirlas, como hizo Conchi en Alsasua.

Posted on 2 febrero, 2017 in Carta

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