Jesús Manuel López

UN DÍA QUE EL SENTIDO ÉTICO Y LA VOLUNTAD FUERON MAYORES QUE EL MIEDO

Un día cualquiera, en un instituto de enseñanzas medias (como se llamaban antes a los de secundaria) de Baracaldo, mediados de los años noventa aproximadamente.

Habían asesinado -bueno, Eta, claro- pocos días atrás a un policía. El grupo de estudiantes afines a la barbarie estaba colocando carteles en ese centro. Teníamos todos -también nosotros, los profesores-, miedo de quitarlos (lo hacíamos, algunos, a escondidas, incluso de nuestros compañeros). En un momento determinado – ese día, justo ese día-, algunos pensamos -muy bajo, ñor si acaso- que ya estaba bien de que hicieran algo tan cruel. Y, justo ese día, la profesora encargada de la gestión de la limpieza, secretaria del centro, a los que ella sabía que no le iban a defraudar, nos dijo -puso en palabras- lo que estábamos pensando, lo que nuestra conciencia y nuestro sentido ético (razón y virtud) nos reclamaba, “yo voy a decirles, quitándoles esos carteles, que nunca más vuelvan a hacerlo o serán sancionados según el reglamento del centro”. Así lo hizo, lo hicimos.

El miedo siguió. Ellos, curiosamente, respetaron lo dicho, salvo en alguna ocasión que lo hicieron clandestinamente y que, de inmediato  se quitaban. El miedo siguió en nuestros cuerpos, máxime cuando a ella le empezaron a llegar anónimos a su coche y al teléfono de su casa; pero fue una evidencia de dignidad y de voluntad por encima de ese miedo que todo lo llenaba de resignación, de pasividad, de ausencia de miradas directas, de oídos sordos, de repliegues y regresiones, de eufemismos, …. Una feraz evidencia, un paso en el camino de la dignidad de la persona. Nunca más la barbarie. Nunca más la negación de la barbarie.

Posted on 2 febrero, 2017 in Carta

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