Consuelo Ordóñez

12 años sin ti

Maite y yo tenemos mucho en común, tenemos dos hermanos de los que enorgullecernos, y las dos estamos convencidas de que en este momento los dos están  juntos en ese más allá desconocido. Sin parar de trabajar, de pensar, de guiarnos por ese camino lleno de dificultades, piedras en el camino que los dos nos van apartando de una en una.

Hoy estamos aquí un grupo de amigos con el único motivo de recordarte, Joseba. Aunque para nosotros sigues vivo en nuestro pensamiento, para los que no te conocieron solo tenemos esta pequeña forma de mantener viva tu memoria, y lo hacemos un 8 de febrero, el día en el que esos fanáticos descerebrados te arrancaron la vida de la forma más cobarde. De otra manera no hubiesen podido contigo.

Para mí fuiste de esos pocos ciudadanos decentes de éste país que conocí en la calle, de esos amigos “nuevos” que en mi “nueva vida” me diste el consuelo que necesité. Me enseñaste cuál era la clave para levantarme de la tragedia y cambiar el odio por la lucha constructiva e inteligente: el activismo por la libertad, la radicalidad en la defensa de la vida, la lucha cívica contra la barbarie, contra los corruptos morales que nos rodeaban en forma de amigos, vecinos, familia, compañeros y desconocidos.

En esos tiempos convulsos en los que te conocí, de coches bomba, tiros en la nuca, ametrallamientos, secuestros, de horror y miedo, tú estabas ahí siempre. Nunca olvidaste llamarme. Lo hacías siempre en el preciso momento en el que volvíamos a tener una mala noticia. Cuando alguien era asesinado, tú me llamabas. Solo me fallaste una vez… Tal día como hoy.

Nunca. Jamás olvidaré lo que le escribiste a tu madre, Pilar, en una carta que nunca le llegó. Una carta que evidenciaba de la manera más brutal cómo el entorno, el contexto, era capaz de hacer saber a uno que lo iban a matar. Así lo dejaste escrito: “¡Ay, madre! Me han de matar y no puedo evitarlo. Que mi grito de libertad lo acojan los ciudadanos”.

Lo dejaste escrito y no se ha borrado. Lo veo escrito en la determinación de gente noble y libre a la que sigues guiando. Lo veo escrito en la perseverancia de tu familia, incansable en la defensa de la libertad en tiempos de silencios macabros, de impunidad cómplice. Y lo veo aún por escribir en las nuevas generaciones, que recordarán lo que aquí pasó. De eso nos encargaremos algunos, pues reocordaremos tu último grito hasta que se nos quiebre la voz.

Gracias, Joseba, por guiarnos.

Consuelo Ordóñez

Posted on 9 febrero, 2015 in Carta

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